miércoles, 17 de septiembre de 2008

Copos de Algodones e Hilos de Cristal

Explotando mis células... vuelvo atrás,
justo a aquel día en que te veía llorar,
tu alegría caer
te veía reir,
tu tristeza caer...
Te escuchaba y me exaltabas
e hiciste mi vuelo una vez más atrás,
abordando la trayectoria de mi infancia
donde te tocaba,
donde te sentía...
Hiciste sumerger tanto mi ser,
que me elevaste a la profundidad de ti... a tu vivir.

Y mientras mis pupilas se forzaban
pretendiendo estar en las alturas de mi pasada realidad...
te imaginaba naciendo de copos de algodones ya cargados,
para convertirte extrauterinamente en hilos de cristal
que siguen una misma dirección,
para luego chocar con una materia lejana a tí,
y cambiar tu rumbo, fragmentarte
y como si formases telas, trapos... charcos...
mis pupilas cansaron e hicieron que mi vista abrazara
lo terrenal de mi presente realidad.

martes, 2 de septiembre de 2008

Hay Algo y Hay Alguien a Quien

Cierro mis ojos,
Tal vez sueño,
Despierto,
Te veo... y hay algo,
Hay algo que extraña y reconoce mi ser:
La impresión pasada,
La ilusión dejada,
La necesidad del dar a cuesta,
El fervor en llamas...
Hay algo que expande y comprime mi ser:
Como a la física el resorte,
Como a la música el acordeón,
Como al abrazo, tu abrazo...
Hay algo que eleva y desciende mi ser:
La lluvia de tu mirada,
La sangre de mis entrañas...
Hay algo que:
Me congela y me funde,
Me mata y me revive,
Me aborrece y me ennoblece,
Me alegra y me entristece,
Me acaricia y me golpea
Me ata y deshata,
Hay alguien a quien...amo.

viernes, 23 de mayo de 2008

Siempre Presente


Mientras buscaba entre mis cosas, topé con este articulo que ahora recuerdo nos lo ofreció a cada uno de sus alumnos la profesora Tamara Bonilla en la clase de Genética ya hace unos veranos atrás, para entonces y a partir de entonces, es uno de esos articulos que cada vez que leo dan paz a mi alma...

En el silencio de la tarde y en la bonanza de la mañana. En el gorjear de los pájaros y en el murmurar de las hojas con el viento. En la tibia quietud del sol en el alba. En las gotas de rocío. En la gracia quieta de las florecillas que juguetean con la brisa. En el constante reír de las olas. En el mutismo milenario de las montañas. En el cielo azul rasgado por el vuelo del águila. En el sueño del niño en su cuna. Allí, simplemente allí, se refleja la sonrisa de Dios. Y en aquellos instantes cuando todo oscurece. Cuando crees tener sobre tus espaldas el peso de todo el dolor. Cuando bebes el cáliz del sufrimiento. Cuando sientes el desprecio de la gente. Cuando te acongoja el hambre y la necesidad. Cuando sientes que sería mejor que la tierra se abriera bajo tus pies y te ocultase. Cuando lloras en silencio. Cuando el dolor oprime tu pecho. Cuando ríes y cuando sufres. Cuando amas y desprecias. Cuando te comportas nada más que como humano, Dios está a tu lado con una sonrisa amplia en tu alegría o con los ojos llorosos en tu tristeza. Cuando te metes en problemas y cavas tu dolor con tenacidad y porfía, ahí tambien está él, velando en tu derrota y esperando confiado a que decidas que ya es suficiente para seguir bregando atajos solitarios. En todo instante, en el aura y en la voz, en los solsticios de verano y en la fría noche del invierno. En la algarabia de la niñez y en la quietud de la ancianidad. En la borrasca impetuosa de la adolescencia y en la placidez de la edad madura. Camina a tu lado en silencio, esperando una oportunidad para demostrarte que tú, a sus ojos, eres único o única. Maravillosamente especial. Su creación favorita. La más presea de su tesoro. Mienten cuando dicen que Dios se aleja de ti, cuando dicen que nos abandona. Es un engaño creer que Dios se complace con tu dolor y que en esos momentos te ha dejado solo. Es una idea de origen maligno creer que Dios estará contigo sólo si te portas bien o si realizas buenas acciones. Ese es un engaño de alguien que no se resigna a creer que el amor de Dios es condicional. Que está y no está. De verdad que Dios es justo, sin embargo, su justicia no es implacable. En el fondo, quienes se condenan a sí mismo son aquellos que no se resignan a aceptar el amor perdonador de Dios. ¿Te equivocaste? ¿Te han herido? ¿Dañaste a alguien concientemente? ¿Crees que no vale la pena seguir viviendo con todo ese peso encima? Pues no les creas a quienes te dijeron que Dios se ha alejado. Acude a él. Dios no espera que cambiemos para perdonarnos. En todo momento Dios está presente. En todo instante te espera. En cada segundo está pendiente de ti, para que aceptes la gracia maravillosa de su amor. ¿Que pensarias de aquel qe cuando recibe un obsequio quiere pagarlo? no sé como reaccionarías tú, pero yo me ofendería. Cuando hago un regalo es porque siento que es algo que quiero hacer y porque me agrada darlo. Dios nos ha dado el obsequio de su amor y su justicia mediante el sacrificio de Jesús, y nosotros, no creyendo que tanto amor es posible, queremos pagarlo de la única manera torpe que se nos ocurre, realizando obras buenas para ganar su misericordia y hacernos "merecedores" de su gracia. La gracia no se puede comprar. Es algo que está más allá de nuestras posibilidades. Dios nunca nos ha abandonado aunque a veces su presencia se sienta más lejana debido a nuestra propia actitud. Así que amigo o amiga, levanta la frente, sonríe, eres un hijo o hija del Dios altísimo, del rey del universo. Deja tus cargas a sus pies y descansa en su gracia. Todo lo que vendrá después será resultado de su gracia y de la paz que sólo él puede dar.
De Miguel Angel Núñez, Filósofo y Teólogo